En tiempos de caída en las ventas, de desafíos financieros
e incertidumbre con respecto al futuro, la tentación de enfocar todos
los esfuerzos solamente para reducir costos es muy grande y tanto el CIO como
la función de sistemas no son ajenos a esta dinámica.
Frente a una espiral descendente en los pronósticos de ventas es
necesario ajustar la estructura para alinearla a la nueva realidad; en esta
materia, una vez recortada la publicidad la siguiente víctima en la
lista de la dirección general es el presupuesto de tecnología
informática. El CIO recibe la llamada del director general o en muchos
casos de la dirección administrativa financiera pidiéndole un
recorte sustancial de los gastos de informática, al tiempo que se
elimina la mayoría de las inversiones de capital.
Esta coyuntura puede interpretarse como un ejercicio penoso que incluye
reducciones masivas de personal, recorte de proyectos y renuncia a aspiraciones
de transformación operativa; sin embargo, éste es el tiempo
adecuado para llevar adelante aquellas acciones de cirugía mayor en el
modelo de operación, acciones que son difíciles de ejecutar
cuando el negocio está pasando por un momento de prosperidad.
No todo es cortar; es necesario encontrar la forma más eficiente
de reasignar los esfuerzos en la dirección más adecuada a fin de
preparar a la empresa para el próximo periodo ascendente. Enfocar la
reestructuración en esta dirección significa "no
desperdiciar la crisis". En momentos de gran incertidumbre y dificultades
económicas aun los más reticentes a aceptar nuevas ideas se
alinean rápidamente; se trata de aprovechar el momento para tomar las
decisiones que permitan dotar a la organización de la flexibilidad
adecuada para ganarle a la competencia cuando la demanda retome la tendencia
alcista. Aquellas organizaciones que realizan el ajuste en forma inteligente y
temprana, que "no se compadecen de la crisis" y que buscan en forma
proactiva las mejores prácticas lograrán salir de la
recesión en forma más rápida, conquistando mayores
porciones de mercado al tiempo en que aseguran un crecimiento rentable.
En tiempos difíciles es todavía más imperioso hacer
una conexión efectiva entre la tecnología en uso y el valor que
ésta aporta a la empresa. La tecnología debe ser el catalizador
de la transformación aun en tiempos críticos. Al final del
día la empresa que no innova y no evoluciona no tiene lugar en la
coyuntura actual y menos en el mercado que vendrá después de la
recesión. El CIO tiene la obligación de anticipar esta
situación realizando una reestructuración de la función de
TI en forma proactiva sin descuidar la necesidad de ser un factor de dinamismo
clave en el esfuerzo de evolución e innovación de la empresa. Es
muy fácil caer en la tentación de sólo cortar lo que no
necesitamos para operar hoy y olvidarse que en la solución de continuidad
debe haber un componente de aportación a la generación de valor
sustentable de la empresa. Más allá de todos los ejercicios que
se puedan realizar para bajar el costo de sistemas, al final del ejercicio
anual el CIO va a ser medido por su aporte efectivo a la competitividad de la
empresa y no solamente por su eficiencia en recortar los gastos.
La reducción es condición necesaria pero no suficiente
para evaluar la performance del
máximo ejecutivo de sistemas. La capacidad de la empresa para salir con
éxito de la coyuntura actual es la medida última de efectividad
del área de sistemas. Los dirigentes de sistemas que así lo
entiendan no sólo estarán adelante de sus colegas sino que
también avanzarán para convertirse en verdaderos protagonistas
estratégicos, actuando como un componente clave de la cadena de
generación de valor de la empresa.