El reto para las asociaciones de distribuidores TIC
que operan a lo largo del país y que se agrupan en un organismo no es
pequeño: fabricantes, mayoristas y distribuidores mismos le demandan
recuperar los objetivos con el que fueron creadas y dar el salto siendo ejemplo
de lo que el trabajo en conjunto puede lograr sobre bases claras,
participación de todos los miembros en la toma de decisiones e
interés real en la profesionalización de los empresarios que las
conforman.
Los fabricantes demandan a las asociaciones ocuparse
de lograr tener representatividad en sus plazas y a lo largo del país,
ya que confían en ellas como aliados para poder llegar al cliente final,
y dependen de apoyarse en un organismo que aglutine para capacitar al
distribuidor e identificar las opciones de negocio que existen en cada una de
las regiones de México.
Lo mismo ocurre del lado de los mayoristas: las empresas
esperan trabajar con las asociaciones de canal como compañeros en el
objetivo de hacer rentable el negocio de la venta de TI para ambas partes, en
el afán de apoyar las estrategias de fabricantes de tener cobertura y
respaldar la adopción tecnológica del país. No esperan que
las asociaciones se conformen como grupos de choque o pulls de compra que los obliguen a otorgarles condiciones
preferenciales y de paso les compitan.
Las organizaciones de canal nacieron hace más
de una década con el objetivo de poner orden en la situación que
prevalecía en torno a la venta de tecnología en México;
hoy en día el interés es que el objetivo se mantenga y se
potencie el beneficio común; para ello se plantea trabajar en la
institucionalización de los organismos, erradicando malas
prácticas políticas, aportando nuevas ideas y sin perder de vista
que lo que hace valioso a una alianza es la actividad de cada uno de sus
miembros en conjunto, el aporte que hace para que él mismo y los
demás obtengan nuevos conocimientos, tengan acceso a oportunidades, a
mayores ingresos y logren fuerza y personalidad como empresarios.