En el mundo real, usted tiene que preocuparse de los delincuentes que viven en su ciudad. Pero en el mundo online, debe ocuparse de los delincuentes que podrían estar en el otro lado del planeta. La delincuencia en línea es siempre internacional, ya que internet no tiene fronteras.
Hoy en día los virus informáticos y otros programas maliciosos ya no son escritos por hackers aficionados en busca de fama y gloria entre sus compañeros, sino por criminales profesionales que ganan millones con sus ataques. Estos criminales quieren tener acceso a su computadora, a sus contraseñas PayPal y sus números de tarjeta de crédito.
La comunidad internacional aún no dimensiona la verdadera naturaleza y alcance del problema. Las fuerzas nacionales de policía y los sistemas legales enfrentan grandes dificultades para mantenerse actualizados ante el crecimiento de la delincuencia en línea.
Tradicionalmente, la aplicación de la ley internacional se ha centrado en los grandes crímenes internacionales como el narcotráfico o el contrabando. Los países involucrados en tales investigaciones pueden ver fácilmente el valor de la captura de esos criminales.
Sin embargo, el crimen online se compone típicamente de pequeños delitos individuales. Los delincuentes no hackean el banco, hackear a los clientes del banco. Una de las víctimas podría haber perdido sólo unos cientos de dólares de su cuenta bancaria.
Iniciar una investigación internacional parece una exageración y por lo tanto conseguir la cooperación mundial puede ser difícil. El problema es, por supuesto, que siempre hay más de una víctima. Una “botnet troyano bancario” (conjunto de robots informáticos autómatas) puede robar el dinero de decenas de miles de personas al mismo tiempo.
Lo que necesitamos es una fuerza policial internacional que cuente con el poder necesario para perseguir a las organizaciones criminales que operan en la red. Que investigue la parte superior de la cadena alimentaria criminal y que localice a las personas que ejecutan los sindicatos del crimen online. Cada país miembro tendría que cooperar con los demás, sin importar el tamaño aparente de la delincuencia.