En ocasión del surgimiento del virus A
(H1N1) se vio la necesidad de tener un buen desarrollo local de la ciencia y se
urgió para eso el incremento de los recursos que se le asignan.
Ese fue un contexto coyuntural, y se dijo
que las carencias en dicho ámbito tenían como causa el "desaire" del Estado
mexicano a la investigación, un desaire que se enfocó en el presupuesto: "México
no puede seguir regateando recursos para la ciencia; la
inversión en la materia debe ser una prioridad nacional, pero el presupuesto
asignado a investigación y desarrollo representa apenas el 0.33% del Producto
Interno Bruto.
"Urge, por
tanto, hacer cumplir la Ley
de Ciencia y Tecnología que establece la obligación del Estado de destinar el 1%
del PIB a esa actividad", y justamente así lo ha venido
planteando la Academia Mexicana de Ciencias (AMC) al emitir el desplegado
"México no
puede regatear más recursos para la ciencia",
el cual colocó el 14 de mayo
de 2009 en su sitio de Internet (www.amc.unam.mx).
Bien hace la Academia en dedicar su
desplegado a solicitar al Estado su incremento, pero al margen de la coyuntura
hay algo más estructural: cierto desaire de la sociedad (que no el Estado) a la
ciencia en cuanto que no se procura ella misma el número competitivo de
científicos, en el sentido de que nuestro país posee 1.2 científicos por cada
mil habitantes cuando España tiene 5.7 o Estados Unidos 9.7 (datos recientes de
la OCDE).
Esa carencia estructural se puede medir por la
comparación de la matrícula. Veamos estas cuentas:
¿Necesitada
de científicos?
Según los datos más recientes del INEGI
expuestos en el estudio "Distribución porcentual de la matrícula escolar en licenciatura
universitaria y tecnológica según sexo para cada área de estudio y carrera, 2001 a 2004" (www.inegi.org.mx/est/contenidos/espanol/rutinas/ept.asp?t=medu19&s=est&c=9352), en 2004 estudiaban
licenciatura dos millones de mexicanos y, de ellos:
*
36,774 (1.8%) estudiaban ciencia
naturales y exactas (de éstos, a su vez, 3,471 o
0.2% estudiaban física y 9,836 o 0.5%
estudiaban matemáticas.
*
En cambio, 67,393 estudiaban para ser maestros (o sea, 3.4% del total).
*
82,160 estudiaban psicología (4%) y
201,126 estudiaban derecho (10%),
En otros términos, había:
* 1.8 veces más estudiantes para maestros
que de ciencias naturales o de ciencias exactas.
* 2.2 veces más estudiantes de psicología
que de ciencias naturales o de ciencias exactas.
*
5.5 veces más estudiantes de leyes que de
ciencias naturales o de ciencias exactas.
Escaso interés en las ciencias duras
¿No
indicará la escasa matrícula en las ciencias duras el poco interés de la
sociedad en la ciencia? ¿De dónde saldrán los científicos si los jóvenes
estudiantes no quieren serlo? Se plantean estas cuestiones como asunto de la sociedad,
no como asunto del Estado, así que la sociedad debe responder.