Determinar si la brecha digital es una oportunidad o una amenaza depende
del cristal con que se mire: es una amenaza cuando nos
enfocamos meramente en la cuestión técnica detrás de nuestros productos o
servicios tecnológicos y cuando nuestros clientes se nos quedan viendo con cara
de "¿y eso a mí de qué me sirve?"; es una oportunidad cuando podemos traducir
en ventajas los beneficios técnicos que le aportarán nuestras soluciones al
cliente dentro de su formación y realidad.
Con el avance vertiginoso de la tecnología nuestros clientes son
bombardeados continuamente por una gran cantidad de gadgets y opciones, por lo que -de inicio- su respuesta natural es
ofrecer cierta resistencia para no dejarse abrumar, y si a esto le agregamos un
conocimiento o manejo tecnológico limitado el reto se vuelve aún mayor; para
convertir lo anterior en un área de oportunidad para nuestras empresas podemos
hacer lo siguiente:
* Traducir las cuestiones técnicas a vocabulario afín según el perfil
de nuestros clientes.
* Acompañar con mayor cuidado la implantación tecnológica. Un cliente
que padece de los estragos de la brecha digital se podrá impacientar más fácilmente
cuando existan retos a la hora de adoptar una nueva solución tecnológica. Es
importante señalarles a priori los
retos a los que se enfrentará.
* Detallar las ventajas directas de ahorro en tiempo y dinero de
nuestra solución, además de los beneficios indirectos, como el poder
proporcionar un mejor servicio a sus clientes debido a nuestras herramientas.
* Lograr un efecto gradual de "alfabetización" tecnológica para
nuestros clientes.
* Fungir como un consultor y aliado estratégico para el logro de metas
mediante nuestras soluciones tecnológicas más que un proveedor limitado a
concretar una venta.