La mortandad de las micro y pequeñas empresas se redujo
de 80 a 60% a mediados de 2010, una buena
noticia para algunos y para otros no tanto. Con todo y la reducción de empresas
que quebraron urge que el gobierno federal diseñe una buena
política pública para beneficiarlas integralmente, sin perder de vista que
este tipo de negocios muere ante la falta de financiamiento y
capacitación.
Después de la crisis económica el
mercado de las PyMEs se recupera y cuenta con apoyos del gobierno: como la
asignación de 46 mil millones de pesos por parte de la Secretaría
de Economía para 45 mil empresas pequeñas y medinas del
país.
En el cuarto trimestre de este año la dependencia
otorgaría créditos por 26 mil millones de pesos; las compras de
gobierno rebasan los 35 mil millones de pesos y promueven una mayor
participación de mercado para que las PyMEs sean los principales
proveedores de las 73 dependencias
del gobierno federal.
Estos apoyos y estrategias para impulsar la
inversión del sector son destacables pero no son suficientes; a mediamos
de este año el Miguel Manzur, subsecretario para la Pequeña y
Mediana Empresa, de la Secretaría de Economía
señaló la necesidad de un mayor presupuesto al fomento y apoyo de
este sector por lo que dijo haber hecho la petición correspondiente a la
Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
Pese a los impulsos del sector gobierno y de la
iniciativa privada hace falta la chispa que detone la generación y
permanencia de PyMEs que por consiguiente son sinónimo de empleos, uso tecnología
e innovación.
Podría ser que la fórmula sea unir esfuerzos
para que este segmento de mercado se reactive y redimensionar que pese a todo
el trabajo realizado, no avanzan al ritmo que necesita cada uno de sus actores
y menos el país. Será un problema de organización o de proveduría
también?