Aunque pueda ser motivo de duda, existen empresas u
organizaciones que logran un mejor desempeño en tiempos de
incertidumbre. Cuando la situación aprieta, algunas
compañías y hasta nosotros como empleados de las mismas actuamos
de manera distinta.
Hay algunos que tratan a toda costa de seguir siendo
gratos a los ojos del dueño de la empresa, mostrando que son necesarios
en la organización, ocupando el 50% de su tiempo para trabajar de forma
efectiva y el otro 50% cacareando lo que trabajaron; éstos suelen seguir
las reglas de "la buena conducta empresarial", la que indica que en
tiempos de crisis lo mejor es estar en la canasta de los que el propietario del
negocio puede considerar imprescindibles o de plano ubicarlos en la fila de los
no necesarios, los que pueden salir de la organización ya sea porque son
muy caros o porque su función se observa como no sustantiva en este
momento.
Aun cuando siempre deberíamos entregar el cien
por ciento a nuestra actividad, el que los "imprescindibles" se
pongan la pila y aporten a la organización reditúa a la misma en
periodos de crisis: se produce más y se atiende mejor a los clientes en
el afán de ser observados como necesarios para la empresa.
Cuando el mercado se vuelve lento en su toma de
decisiones de compra algunos ejecutivos dedicados a las ventas sacan a flote
sus capacidades de persuasión, enseñan
el colmillo, venden mejor sus ideas o puntos de vista, de forma tal que los
demás terminan por ayudarlos a hacer su trabajo al ver las cosas de la
misma manera que ellos o bajo el entendido de que colaboran en la
consecución del objetivo general de la organización.
En ambos casos, la situación
resulta positiva para la empresa, ya que ayuda a cambiar actitudes, opiniones y
comportamientos que en tiempos de jauja no se ve como necesario ajustar, guiando
tanto a la empresa como al empleado hacia un nuevo acuerdo.
La situación apoya también el reforzamiento de creencias,
actitudes y comportamientos al ser un proceso en el que las personas adoptan
nuevos parámetros de trabajo de forma libre; crea nuevas actitudes y
opiniones y, por tanto, influye para que la respuesta de los miembros de la
organización sea positiva.
En el aspecto del gasto también
ocurre un cambio: muchos ejecutivos que acostumbran "la comilona"
como el evento magno de un encuentro con socios de negocio o clientes terminan
por moderar sus consumos; es decir, las cuentas dejan de ser
estratosféricas y las reuniones se vuelven más cortas y
efectivas, ya que el interés de las distintas partes está en
acelerar el negocio y discutir los aspectos que resultan claves en el proceso.
Las crisis cíclicas limpian el terreno,
eliminan competidores débiles, refinan la labor de los colaboradores en
las empresas, permiten identificar lo sustantivo de lo cosmético y a
usted, como propietario, lo posicionan en la realidad de su negocio.