Al romper el vínculo entre el hardware y software, la virtualización de escritorios lleva la compra, administración y propiedad de PCs a territorios inexplorados.
El esquema modifica el modelo de renovación de PCs, porque separa el hardware y el software de la computadora. Lo que implica que se desliga la parte física (hardware) de la lógica (software). Con ésta, el software del escritorio opera de manera independiente del hardware.
A simple vista desligar el HW del SW de la PC parecen simples, sin embargo, las consecuencias son más fundamentales.
Tal vez lo más importante es el hecho de que el último software del escritorio (lo que actualmente significa Windows 7) puede entregarse desde el centro de datos a una vieja PC readaptada como cliente ligero. Esto brinda una solución perfecta a los trabajadores de oficina, reduciendo enormemente el costo de aprovisionamiento de PCs, a la vez que permite a la organización aprovechar sus PCs de escritorio al máximo. A largo plazo, el beneficio más grande es una reducción sustancial de los recursos necesarios para administrar una gran cantidad de PCs, ya que todas pueden administrarse desde el centro de datos.
La inversión para extender la vida útil de las PCs se suele recuperar de 12 a 24 meses.
Entre los beneficios está el hacer más sencilla la migración en sí, con imágenes que se crean una vez y se replican las veces necesarias, además las actualizaciones posteriores se administran con mayor eficiencia.
La virtualización permite a una organización ejecutar aplicaciones incompatibles desde un servidor de terminal remoto entregarlas a un escritorio de Windows 7.
El recorte de gastos para reducir el espacio de oficinas, desligar el hardware y software aporta otro beneficio: el espacio de oficina compartido, conocido como “hot desking”.
La virtualización de escritorios brinda una protección innovadora contra otros peligros tales como robo de propiedad intelectual.